Tras escalar la alta torre, y dejar
atrás mitológicos peligros. El príncipe agotado,
dobló la rodilla.
-¿Quieres casarte conmigo?
-No. Dijo dulcemente la princesa.
El príncipe viajó entonces por países
desconocidos, estudiaba las estrellas, bailaba en los festines.
Aprendió a jugar ajedrez, y a fabricar mágicos fuegos
que explotaban en miles de luces por el cielo.
Construyó una enorme biblioteca de
piedra. Exploró imponentes montañas, tocó las nubes.
Nunca las campanas de ceremonia
repiquetearon en el castillo.
Todos fueron felices para siempre.