Escribir fuera de una habitación de paredes
blanco-maíz-blanco, es hacer la letra pequeñita pequeñita.
Batallón de hormiguitas desordenadas,
rebeldes.
Que yo misma no entiendo luego.
Me avergüenza escribir en público.
A la luz
de del día inquietante, de los ojos supendidos.
Es uno de mis pocos placeres, íntimos,
furtivos, tan propios.
Exportables.
Escribir en la privacidad del cuaderno
abierto a medias.
En lo más íntimo de la memoria, de la palabra.
Mi lunar café con leche bajo el ombligo
Escribir azul sobre papel blanco.
