Niño bueno, quiero ser fuerte.
Quiero apartar de mi tantos cuidados y
recomendaciones.
Quiero aprender a ser fuerte.
Niño, es todo muy extraño. Sabes que sí.
Lo
tienes todo bajo resguardo, todo bajo control.
Te conoces tan bien. Y yo sólo
me dejo ser.
Tienes siempre la pregunta, a la mano siempre
está tu réplica y yo con mi cabeza de paja, busco un cerillo para arder.
No sé
niño bueno, por qué hago muchas cosas.
Por qué ya no las hago al día siguiente,
por qué hoy es azul y no verde.
Voy de una estrella fugaz a otra, dando
saltitos, la toco despacio para verla
estallar en puntitos y puntitos de luz.
Tres días de la semana lo tengo todo
tan claro, y los otros cuatro todo se me escapa.
Quiero ser fuerte.
Hey Niño. Niño bueno. Soy hojita que tiembla.
Que se pierde y regresa, que vuelve y se
pierde.
Habiamos hecho un pacto, dimos el tijeretazo
y cortamos el tiempo.
Pero con los
recuerdos olvidados, se perdieron también otros tiempos.
Voló la paz, se me escapó de los bolsillos.
Se quemó esa hoja del cuaderno, la que escribimos y llenamos de sueños
inconclusos y pegatinas.
Niño
bueno cuanto te quiero.
Cuando sonríes, cuando miras el cielo.
Cuan
feliz me siento entonces.
El miedo crece en mi garganta, quiero gritar –¡Alto!.
Que se
detenga el tiempo así, un niño que mira tranquilo una nube.
Que camina sereno
la noche.
Que ese segundo se estire cien años, y un
poco más.
Y seas siempre el Niño bueno , yo la Niña
mala.
Se diluirían recuerdos, miedos, culpas.
Se diluiría finalmente tanta ansia de
buscarnos, de sentarnos en la hierba mientras hace frío.
De seguir tirando con el mundo a cuestas,
enfrentándonos a nuestro propio reflejo egoísta. Aprendería a ser fuerte.
Aprendería a renunciar a ti Niño bueno.
Aprendería a conocerme.