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lunes, 18 de abril de 2016

CARTAS AL NIÑO BUENO IV

Niño bueno, quiero ser fuerte.
Quiero apartar de mi tantos cuidados y recomendaciones. 
Quiero aprender a ser fuerte.

Niño, es todo muy extraño. Sabes que sí.
Lo tienes todo bajo resguardo, todo bajo control.
Te conoces tan bien. Y yo sólo me dejo ser.
Tienes siempre la pregunta, a la mano siempre está tu réplica y yo con mi cabeza de paja, busco un cerillo para arder. 

No sé niño bueno, por qué hago muchas cosas.
Por qué ya no las hago al día siguiente, por qué hoy es azul y no verde.
Voy de una estrella fugaz a otra, dando saltitos,  la toco despacio para verla estallar en puntitos y puntitos de luz. 
Tres días de la semana lo tengo todo tan claro, y los otros cuatro todo se me escapa.
Quiero ser fuerte.

Hey Niño. Niño bueno. Soy hojita que tiembla.
Que se pierde y regresa, que vuelve y se pierde.
Habiamos hecho un pacto, dimos el tijeretazo y cortamos el tiempo.
Pero con los recuerdos olvidados, se perdieron también otros tiempos.
Voló la paz, se me escapó de los bolsillos. 
Se quemó esa hoja del cuaderno, la que escribimos y llenamos de sueños inconclusos y pegatinas.
 Niño bueno cuanto te quiero.

Cuando sonríes, cuando miras el cielo. 
Cuan feliz me siento entonces. 
El miedo crece en mi garganta, quiero gritar –¡Alto!.
Que se detenga el tiempo así, un niño que mira tranquilo una nube. 
Que camina sereno la noche.
Que ese segundo se estire cien años, y un poco más.

Y seas siempre el Niño bueno , yo la Niña mala. 
Se diluirían recuerdos, miedos, culpas.
Se diluiría finalmente tanta ansia de buscarnos, de sentarnos en la hierba mientras hace frío.
De seguir tirando con el mundo a cuestas, enfrentándonos a nuestro propio reflejo egoísta.  Aprendería a ser fuerte. 

Aprendería a renunciar a ti Niño bueno.
Aprendería a conocerme.