He estado
pensando sobre las cosas que tenemos y que dejamos que se marchen, así de
repente, las soltamos, les damos libertad.
Y es perfecto.
Como el niño
que deja ir una mariposa que se posa en su dedo y la encuentra mañana sobre una
flor amarilla.
Así pasó, así
fue, y ahora estamos aquí en la otra parte del camino. Tú por allá, con tu alegría de tres
personas, con la sonrisa verdadera que
sólo el amor bendito puede darnos. Yo aquí, dibujando mis propios pasos, mi
pedacito de cielo aquí en la tierra, un beso en la frente, un par de ojos cafés
donde encuentro mi paz, mi universo.
Un domingo que
no encuentra fecha en mi memoria, caminábamos. Éramos eso, dibujo de tiza en el
suelo, sonrisa de niño con su madre, tráfico de medio día, nube solitaria en
cielo despejado.
Levantamos las
manos y abrimos los puños en dirección al sol, giramos y empezamos el camino
hacia nuestro hoy, hacia la magia, el milagro que nos esperaba (a nosotros, par
de niños torpes) al voltear la esquina.
Porque la
arena nunca estuvo realmente entre nuestras manos.
Siempre
pertenecimos a otros dedos…

"Porque la arena nunca estuvo realmente entre nuestras manos.
ResponderEliminarSiempre pertenecimos a otros dedos…" gracias a ti por escribir esto, me he dado cuenta que necesitaba escucharlo justo ahora. Pasó tal como dices con el lector: crear un pequeño cambio (eso puede revolucionar la vida!) Y gracias también por tus bonitas palabras, es muy lindo sentirse comprendida y acompañada :) Nos leeremos por acá, saludos!