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domingo, 1 de diciembre de 2013

DE LA ARENA QUE DEJAMOS IR ENTRE NUESTROS DEDOS.

He estado pensando sobre las cosas que tenemos y que dejamos que se marchen, así de repente, las soltamos, les damos libertad.
Y es perfecto.
Como el niño que deja ir una mariposa que se posa en su dedo y la encuentra mañana sobre una flor amarilla.
Así pasó, así fue, y ahora estamos aquí en la otra parte del camino. Tú por allá, con tu alegría de tres personas, con la sonrisa verdadera  que sólo el amor bendito puede darnos. Yo aquí, dibujando mis propios pasos, mi pedacito de cielo aquí en la tierra, un beso en la frente, un par de ojos cafés donde encuentro mi paz, mi universo.
Un domingo que no encuentra fecha en mi memoria, caminábamos. Éramos eso, dibujo de tiza en el suelo, sonrisa de niño con su madre, tráfico de medio día, nube solitaria en cielo despejado.
Levantamos las manos y abrimos los puños en dirección al sol, giramos y empezamos el camino hacia nuestro hoy, hacia la magia, el milagro que nos esperaba (a nosotros, par de niños torpes) al voltear la esquina.
Porque la arena nunca estuvo realmente entre nuestras manos.
Siempre pertenecimos a otros dedos…


1 comentario:

  1. "Porque la arena nunca estuvo realmente entre nuestras manos.
    Siempre pertenecimos a otros dedos…" gracias a ti por escribir esto, me he dado cuenta que necesitaba escucharlo justo ahora. Pasó tal como dices con el lector: crear un pequeño cambio (eso puede revolucionar la vida!) Y gracias también por tus bonitas palabras, es muy lindo sentirse comprendida y acompañada :) Nos leeremos por acá, saludos!

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