Estarás
durmiendo, fabricando otros caminos, soñando que eres sapito, que eres agua, o tal
ves viento.
Tú me amas Niño bueno, y tu fuerza me ha salvado. Una vez más.
Ya sé que
no debería decir estas cosas, pero ya ves que apenas me recupero. Apenas me
reconcilio con la comida, aunque la fiebre y la náusea se han movido, ahora
tapan un agujero oscuro, otro más de mis agujeros de queso.
De los que
no se borran, de los que se van comiendo la carne de a poquitos.
Yo no sé
porque te digo estas cosas.
Es que soy tan torpe a veces, con mi amor, monstruo
elefante, gigante e infantil. No sé porque digo esto. Si sé que voy a ver pena
en tus ojos de madera. Si sé que voy a arrepentirme luego.
Soy una
muñeca llorona, que se sienta en tus piernas mientras alejas la lluvia, que se
acurruca en el paraguas de tu cuello, hasta la siguiente primavera.
Tú me
deshojas flores, me deshojas la luna.
Me amas por encima de muchas cosas, por encima de los cielos y los
infiernos que la gente mala ha inventado. Niño bueno, tú has de amarme mucho,
me has preferido a mí y sabes bien a donde van mis palabras.
Todo parece tan surrealista ahora, una película al otro lado de la
pantalla, un sueño incómodo. Hay penas que nos van a doler siempre Niño bueno, como
esa noche.
Yo te
esperé, muerta de miedo. Con las monedas húmedas en mis dedos, pero no venías,
el reloj marcaba la cuenta atrás y tuve que irme. Lloré mucho en el bus, niño.
Busqué tu cara entre todos los que subían, entre todos los que bajaban.
Busqué tu cara entre todos los que subían, entre todos los que bajaban.
Es que
también yo te amo así.
Esa noche
casi dormí tranquila. Ya te lo he contado tantas veces. Esa estrella se
extinguía, había acabado.
Niño, aquí
estoy. Tú me has traído de vuelta. Sé que va a lastimar siempre, ese pedazo se me
ha extraviado, el alma es frágil, está desnuda.
No será la
última vez que me consueles, que me abraces fuerte.
Que las palabras se atoren
en mi pecho, que el recuerdo regrese tan negro e implacable, que lastime
profundo. Pero estoy aquí, Niño y casi no estuve.
Siento nuestra alegría de caramelo, y nuestra tristeza de caracol.
Pero puedo sentirlo, en mi piel fría, en mis dedos largos, en mi
lengua, cuando cierro los ojos, cuando los abro y estás aquí.
Y yo estoy aquí también.
Contigo.

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