Un día cualquiera abrimos los ojos y se caen las paredes. Nos golpea el
cambio.
Cambiamos para el bien o el mal de los caminos, cambiamos para seguir
avanzando. Muchas veces el giro es duro, y el miedo a lo que se desconoce nos
hace regresar al punto de partida. ¿Cómo sabré cual sendero es el correcto?
¿Cómo podré regresar?
El cambio nos obliga a morder el riesgo, no se puede volver atrás. Uno
cambia esta vez, levanta la cabeza y sigue. El cuerpo cambia, cambia la mente,
el alma.
Otro es el que se levanta. Otras serán sus inquietudes, otras serán las
obras de sus manos.
A partir de aquí. Como alguna vez decidí ser feliz. Hoy decido cambiar.

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