No quieren atenderla. Nueve meses es
demasiado tiempo.
Entonces usa solo seis.
Nace una marcianita. Pequeñita,
pequeñita.
Con ojos negros de cervatillo.
En media terraza, de un séptimo piso,
bajo el sol de agosto. Marianne va a cuidarla.
Marianne va a ser mamá. De una
marcianita.
Se lo pidió la mujer azul y Marianne es
una chica buena.
En algún momento la marcianita tendrá
que irse, Marianne lo sabe.
Cuanto dolerá su corazón entonces.
Cuanto pesará el alma.
Pesará como el plomo, que lleva fundido
en los huesos. Como el hierro soldado a su cabeza.
Que se coma mi corazón a delicados
mordiscos, que se lo coma la marcianita. Que ya no duela, que ya no palpite. Lup dup, lup dup. Y ya no duele más.
Se pierde nuestro corazón extraterrestre.
Muere nuestro corazón forastero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario