El miedo apretó sus dedos y estábamos en medio, la tristeza y el
terror me subían por la garganta, apagaron mi voz. Me abrazaste tan fuerte,
pero mientras caíamos alguien (en algún lugar) encendió un fuego artificial que
estalló único y solitario en el cielo.
Iluminó nuestra noche uno, dos… tres segundos, y fue muriendo.
Fue muriendo.

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