Cuando era aquella niña,
me empapaba del placer de la soledad y la nostalgia.
Imaginaba que enamorarse debía sentirse más o menos así, placentero y triste. Pero eso llegaría muy tarde, o como las cosas sin importancia pasaría sin dejar marca. O no pasaría nunca, era lo más probable.
Imaginaba que enamorarse debía sentirse más o menos así, placentero y triste. Pero eso llegaría muy tarde, o como las cosas sin importancia pasaría sin dejar marca. O no pasaría nunca, era lo más probable.
Miraba la lluvia por la
ventana, dibujaba aves oscuras sobre el cableado de la calle. Caminaba con las
manos en los bolsillos, con la cabeza en los zapatos, en lo profundo del cielo,
tazón de leche boca abajo.
De ese tiempo extraño la
nostalgia, extraño el gris de las cosas, pensar con la luz apagada, tantos
libros, tantas cosas inconclusas.
Unos ojos verdes a quien
le gustan mis ojos. Y el helado que cae del barquillo al suelo, eso era lo
terrible, el mal era espurio y lejano, no se respiraba, no se palpaba. Extraño
la inmortalidad del mañana que no llega, que no importa.
Era pues una niña
triste.
Pero no era la verdadera
tristeza, la verdadera tristeza no arrastra los pies, ni se lamenta de no comprar
fresas con chocolate. Crecemos, y las cortinas se abren, comienza el
espectáculo, este es el mundo.
Y hay otro debajo, donde
todo está permitido, todo tiene forro de regalo y etiqueta, todo se compra,
todo se vende.
En ese tiempo mi hermano
sonreía, me compraba una raspadilla con jarabe de fresa, y mírate ahora. En
algún momento desperté en un mundo paralelo, no habían más tareas incompletas,
ni diarios ni chupetines escondidos en el parlante de la vieja radio.
De ese tiempo extraño
las voces de mi cabeza, las piedras que traje de Apurímac, soñar con volar. Hoy
hay agua por todas partes, y cuando sueño puedo mojarme. La tristeza no se
vendaba, no se echaba al basurero del olvido voluntario. Hoy extraño la
ingenuidad de no conocer tantas cosas.
Hoy quiero despertar del susto, abrir
los ojos del sueño terrible para que me acaricien los dedos pequeños de mi
hermana.
-Ya, ya pasó, solo era
un sueño feo. Un sueño nada más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario