Esa mañana la niña mala
despertó convertida en un enorme insecto.
De un tiempo a esta
parte la niña de mi cabeza ha mutado y se transforma en un indefinido que
desconozco.
Las palabras no salen,
las letras se pierden, no existen más Sic
fiebat Semper, no más café humeante en tarde lluviosa.
Se han caído los pedazos
de la casa de caramelo, le soplamos al castillo de naipes. Ahora que soy un
insecto, puedo frotar mis 17 patas buscando un poco de calor. Volar hoy aquí,
arrastrarme mañana allá, soy un insecto que atrás dejó la literatura
presuntuosa. Que olvidó a Proust y Foucault. Los pecados y la hierbabuena.
Debajo de un felpudo me
lamo las heridas para sacarme la culpa lentamente. Con mis patitas finas me
saco primero el cascarón, el esqueleto del escritor sepia, entristecido, poeta
a fuerza de la soledad rodeada de gente. Del escritor de la conjetura, de la
paradoja.
La niña mala es un
enorme bicho, coleóptero de 33 ojos y 4 alas que le zumba a tu yo más
profundo, que quiere jugar un rato,
dispuesto a apolillar el mundo.
Voy a caminar elegante
por las paredes, a dormir en el techo del Cantabrio, caballito del diablo.
En este cambio hacia mi
yo más mutante, la métrica y la armonía han fugado en busca de otro yo más
decorativo. No tengo mi polvo mágico
anudado a mi mano, ya no puedo levitar ágil de pesares.
Niño bueno, quiero
abrazarte pero no puedo, soy insecto. Que quiere anidar en el dulce de tus
dedos. Que se sigue transformando, buscando desprenderse de las antiguas
tristezas, pasadas culpas (y las futuras), otros “yo” que se hacen ahora
desconocidos, descoloridos.
Me arranco ahora la
cabeza apretando despacio, para seguir zigzagueando sin ella, una hormiguita
laboriosa y decapitada, que busca alimento entre tus manos.
Me convierto en el bicho
reluciente y rechinante, el extraño visitante. Creo que prenderé un fuego azul
a mi cabeza, a la montaña de cuentos inconclusos, que morderé los lápices, que
olvidaré los cuadernos.
No puedo escribir más,
pero te pregunto por tu vida, Niño bueno. Te pregunto por lo que viene, ahora
que mi cabeza ha rodado hacia el infinito, ahora que amanecí y soy insecto.
Hoy que soy otra
persona.

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ResponderEliminar¡Por favor no lo dejes! Yo sé que puedes. No se lo que pensará tu Niño Bueno, pero esta Niña Perdida, te necesita, necesita tus palabras.
ResponderEliminarAunque hayas perdido la cabeza, con todas esas patitas que ahora tienes, podrás hacerlo.
Respira profundo, cierra los ojos y verás.....
Rebeca saludos. Muchas gracias por el comentario. Cómo ves, andamos remodelando la casa que tenemos sobre los hombros. No me he ido, bueno si somos estrictos hablando si me he ido hace un tiempo ya, y ando por otro continente. Pero de aquí si que no me he marchado. Ecdycis es cambio. El cambio para crecer, para seguir. Yo agradezco infinitamente el interés y el cariño. Estos días he de poner orden en este rinconcito que he dejado un poco de lado. Que feliz me ha hecho leerte Rebeca. Muchos saludos. Gracias
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