-¿Sabes lo que es el cielo?
Es poder repetir esa experiencia
hermosa, una y otra vez.
Miro hacia arriba. En busca de tus palabras.
Pero está el otro cielo.
El otro cielo está abajo Niño bueno.
El otro cielo está vivo,
hirviente.
Es café con crema en el viento, es cigarrillo en la niebla.
Es
dejar atrás la velita encendida, dejarse vencer, olvidar que es todo y quien es
uno, para ser solo otro cielo.
Mi otro cielo tiene la sonrisa ligera, los ojos abiertos, en él, despego
del asfalto caliente mis zapatos.
Pero este otro cielo no me deja ver la luz del sol.
He de buscar una puerta, he de abrir una ventana.
Cuanto me pesará
salir del otro cielo.
Querré regresar a la simplicidad de las cosas.
Al
incienso que me hace flotar, bailar, elevarme.
En mi otro cielo, no hay leyes físicas.
No existen las leyes de
los hombres.
Mi otro cielo cierra los ojos, y se deja caer.
Yo, caigo dentro.
Mi otro cielo no me deja ver las nubes.
No me deja ver las culpas, los borrones.
Fumamos y nos embriagamos, en el otro cielo.
Dormimos un rato,
entre humo y recuerdos inconclusos.
Entre abrazos prestados, silencios
comprensibles, comprendidos.
Con el cansancio y la sonrisa a medias, que muere primero en
nuestro corazón, luego en nuestra cara.
Silencio tácito. Cielo de papel. Cielo
de humo.
Otro cielo nada más.
Otro cielo por debajo de las nubes de tortuga.



