La
sonrisa de mi hermano se extiende a medias.
No
aquella que escuchas cuando en la televisión alguien cae.
O en
la calle algún otro tropieza.
Esa es
sonora, amplia, jadeante.
La
sonrisa de mi hermano está escondida, en sus ojos de niño asustado.
En lo
profundo del grito.
El
llanto ahogado del silencio.
Si el
sol cae apropiadamente en la esquina del patio,
Y
vuela algún insecto en las flores del vecino.
Cuando
el reloj marca las seis.
Puede
escucharse la sonrisa de mi hermano.
Jaulas
de gorriones llenan el patio del vecino.
Un
muro cubre el crepúsculo en las esquinas.
Alguien
ha robado las seis de la tarde del reloj de la pared.
No
habrá entonces más sonrisas.
Enteras,
medias, muecas.
Mi
hermano esta extravíado, dentro de su cuerpo que sale por la puerta.

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