En la
ausencia de cigarrillos, repetimos aquel ritual que conocemos de memoria.
Alcoholizados, nos reímos mientras el corazón
se partía una vez más y nuestras cabezas flotaban lejos tan lejos.
Dijimos
varias cosas, que no importarán luego.
Te conozco tan bien.
No quiero escribir.
Sobre tu perfume eterno, ni sobre el mordisqueo lento en viceversa.
Hoy
todo se me ha olvidado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario