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domingo, 19 de febrero de 2017

LA SONRISA DE MI HERMANO


La sonrisa de mi hermano se extiende a medias.
No aquella que escuchas cuando en la televisión alguien cae.
O en la calle algún otro tropieza.
Esa es sonora, amplia, jadeante.
La sonrisa de mi hermano está escondida, en sus ojos de niño asustado.
En lo profundo del grito.
El llanto ahogado del silencio.
Si el sol cae apropiadamente en la esquina del patio,
Y vuela algún insecto en las flores del vecino.
Cuando el reloj marca las seis.
Puede escucharse la sonrisa de mi hermano.
Jaulas de gorriones llenan el patio del vecino.
Un muro cubre el crepúsculo en las esquinas.
Alguien ha robado las seis de la tarde del reloj de la pared.
No habrá entonces más sonrisas.
Enteras, medias, muecas.
Mi hermano esta extravíado, dentro de su cuerpo que sale por la puerta.

EN AUSENCIA DE CIGARRILLOS

En la ausencia de cigarrillos, repetimos aquel ritual que conocemos de memoria. 
Alcoholizados, nos reímos mientras el corazón se partía una vez más y nuestras cabezas flotaban lejos tan lejos.
Dijimos varias cosas, que no importarán luego. 
Te conozco tan bien.
 No quiero escribir. 
Sobre tu perfume eterno, ni sobre el mordisqueo lento en viceversa.
Hoy todo se me ha olvidado. 

SOBRE EL RECUERDO

No suelo guardar hechos en mi memoria.
En mis recuerdos todo toma un color nuevo.
Se divide.
Se magnifica o desaparece.
No recuerdo cuando cogí mi mochila y dije me voy.
Hasta aquí he sido todo aquello que fui contigo.
No lo recuerdo.
Revisando fragmentos ha sido entre ese 22 y aquel 25.
Tal vez no quiero recordar nada.
Tal vez sólo quiero cambiar el recuerdo, por los sueño de anoche.